Inicio Estilo de Vida Regina Moya: Mamá y empresaria ¿Agua y aceite?

Regina Moya: Mamá y empresaria ¿Agua y aceite?

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Después de un rato, me pregunta por mera cortesía.

– Y tú, ¿qué hiciste hoy?

A esto, después de unos segundos, mi respuesta usualmente es:

-Nada, aquí en la casa… ya sabes.

Luego cuelgo y mi inconsciente salta como fiera… ¿NADA? ¿De veras crees que no hiciste nada?   Son las doce del día y puedo nombrar al menos 18 cosas que he hecho y que sin las cuales esta familia no funcionaría.

Siento celos de mi marido.  Celos de que haga algo que le gusta hacer y reciba dinero por ello.  En el trabajo que yo elegí la paga es nula.

¡Pero si fui yo misma la que escogió esto! Nadie me forzó. Yo elegí libremente quedarme con mis hijos y no trabajar mientras los niños fueran pequeños…una decisión hoy en día totalmente pasada de moda.  Lo vi como una pausa en mi vida. Estos años me quedaría en la casa, y cuidaría de los niños. Un bache que yo sabía que se pagaría caro en el currículum laboral.

La idea de tener doble ingreso es tentadora.  Los hijos tendrían más oportunidades, podrían viajar más, irse a estudiar fuera.  La vida sería más holgada. No habría que pasar de largo en el aparador con la bolsa que te fascinó. Los Reyes Magos y Santa Claus serían mucho más generoso y lo mejor de todo, no tendría que estar estirando la mano y haciendo ojitos del gato de Shrek.

Hagamos cuentas… Llevo 10 años sin trabajar. Digamos que si no hubiera dejado de trabajar, y me pagaran un sueldo de 25 dólares la hora, con 8 horas diarias,  (aunque todas sabemos que el trabajo en casa requiere mucho más de ocho horas)  a la semana ganaría un sueldo de mil dólares, (sin contar aumentos, aguinaldos o comisiones). Al mes tendría un ingreso de 5,000 dlls, un ingreso anual de 52,000 dlls. Esto significa que he renunciado a más de medio millón de dólares.

Estoy convencida de que el ideal que nos proponen hoy en día los medios de comunicación de mujer exitosa, alta empresaria y perfecta ama de casa, todo al mismo tiempo, es un fiasco.  No se puede estar en las dos cosas al cien por ciento.

Muchas mujeres no están contentas. La gran mayoría de las que trabajan se sienten culpables de dejar a los niños en guarderías, la minoría que nos quedamos en casa nos sentimos frustradas y con baja autoestima por no trabajar. Y las que hacen las dos cosas, están tan ocupadas que no les da tiempo de sentir ni uno ni otro.

A veces pienso que esa fuerza que me jala a mi casa y que hace que deje en pausa todo lo demás son mis raíces mexicanas. No veo que mis amigas americanas se sientan culpables por trabajar…no siento que en Europa la culpabilidad femenina por trabajar esté muy a la orden del día y, sin embargo, comparto este sentimiento con muchas amigas mexicanas. Cuando me imagino a mí misma en treinta o cuarenta años, me imagino mis hijos con los nietos llegando a mi casa, y yo, recibiéndolos con besos y abrazos, habiendo cocinado mole y chiles en nogada y todos felices… ¿Será que yo quiero que ellos sientan ese calor de hogar y esa admiración que yo siento por mi abuela en México? ¿Será que la madre latina y la mujer feminista de plano no van de la mano?

Ni mi abuela ni mi mamá se sienten fracasadas por no haber trabajado… Ellas dicen que eran otros tiempos, la mujer no estaba tan presionada como… No se les exigía aportar dinero a la casa, cuidar a los niños y ser talla 4 en los jeans para siempre… ¿Por qué de pronto quisimos hacerlo todo?

De ninguna manera estoy en contra de las madres trabajadoras, debo admitir que tienen toda mi admiración y un poco de mi envidia también. Muchas veces me pregunto si vale la pena esta decisión que he tomado o de plano es un estilo de vida obsoleto y pasado de moda.

Me pregunto: ¿qué opinará en veinte años mi hija? Tal vez se burle de mí, me diga que fui una ridícula, que me quedé una generación atrás. Tal vez me esté eternamente agradecida… no lo sé.

Para veinte años falta mucho tiempo, hay que vivir el momento.  Mi momento actual es que hace unos días mi bebé gateó por primera vez.  No había nadie para disfrutarlo más que yo. Estoy contenta de haber tenido esa alegría en vivo para mí solita… Puedo decir que no tengo medio millón de dólares en mi cuenta de banco, pero sí tengo la satisfacción de no haberme perdido un minuto de la vida de mis tres hijos. Tal vez seamos las mamás actuales, la última generación de mamás que cuentan con este privilegio. Tal vez en el futuro (cada día  más competitivo), quedarse en casa con los hijos ni siquiera sea una opción.

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