Inicio Estilo de Vida Regina Moya: Texas Size…¿En las caderas?

Regina Moya: Texas Size…¿En las caderas?

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Regina Moya, Escritora y pintora. Actualmente trabaja para Gemini Ink (centro literario non profit), dando clases de literatura en escuelas públicas, reclusorios y centro de mujeres maltratadas.

Soy fiel partidaria de que el universo se alinea cuando hay un paso que debes de tomar, sólo que 90% de las veces no ponemos atención a las señales.

A dos meses de haber tenido a mi tercer bebé, estaba harta de seguir usando ropa de maternidad… ¡Otra vez el odioso tema de bajar de peso!, ¡qué pesadilla tan constante! Además no ayuda nadita vivir en Texas: el paraíso de los gordos, donde las porciones tejanas inundan los platos y al final nos las acabamos por nuestra costumbre hispana de no desperdiciar.

El hecho de que no hay tantos compromisos sociales como en México hace que te dé igual que por el momento no te queden tus jeans porque vives en un delicioso anonimato. Todo eso, aunado a las distancias tejanas que han entumido nuestros traseros refundiéndolos horas en el asiento del coche, ¡un trasero que al darnos cuenta ya también es Texas size!

Necesitaba una ayudadita porque mi fuerza de voluntad andaba bastante enclenque. Debía haber algo distinto al típico Weight Watchers o Jenny Craig; yo estoy haaaarta y hasta el gorro de ir a chocheros y nutriólogos, soy una catedrática en el tema de las dietas.

He hecho al pie de la letra todas las dietas habidas y por haber: la del helado de vainilla, la de la sopa de col (qué asco), la de cero carbohidratos, la de la luna, la Southbeach… Puedo seguir eternamente, así que ya se imaginarán lo escéptica que soy para este tema.   Cuál fue mi sorpresa: que la solución me la daría una empresaria mexicana.

El capricho del destino fue entretejiendo circunstancias e hizo que pusiera atención a una señal que empezó en forma de unos imanes en las orejas de algunas amigas mías. Metiche como soy, me enteré de inmediato que se trataba de un programa para adelgazar que estaban siguiendo y que la mayoría de ellas, algunas flacas, otras más gorditas, estaban bajado mucho de peso.

Me seguí resistiendo a ir, tratando de cuidarme por mi cuenta, hasta que una de mis amigas me contó que venía del HEB, había ido con su nutrióloga a hacer ‘el súper’ y ella le enseñaba qué comprar y le explicaba por qué.  Ahí sí puse mi carota de ¡¿what?!: “¿La nutrióloga te acompañó a hacer ‘el súper’ aquí en Estados Unidos?”. ¿Era este mismo tratamiento, el de los imanes en la oreja? Total que me animé a ir, bastante rejega y con toda la flojera del mundo a empezar otro odioso tratamiento para bajar de peso.

Pero lo que descubrí me llamó profundamente la atención. Cecilia, la nutrióloga y dueña del lugar, resultó ser una regia de mi edad (que obvio no mencionaré).  Me sentó en un cuartito a solas y me dedicó alrededor de una hora para explicarme su programa.  Escuchó con paciencia mis pesares y quejas de vieja recién parida, hormonal y achacosa.

Me explicó que hay tres maneras de bajar de peso: una, reduciendo drásticamente el número de calorías, lo cual puede llevar al hambre y a sentirse mal; dos, hacer una cantidad irreal de ejercicio, o tres, aprendiendo a elegir comida “real” y eliminando lo más posible de tu dieta la comida procesada.

Ella propone la tercera, sólo que hay un inmenso problema: la comida procesada y las famosas “trans fats” están en casi todas partes. Con las clases de nutrición que ofrece, me di cuenta de que seré muy catedrática en cuestión de dietas pero soy muy ignorante en el tema de la alimentación saludable, lo cual, hasta ahora lo sé, son dos cosas completamente distintas.

Acostumbrada a los doctores que en Estados Unidos ni te voltean a ver a los ojos, resultó que esta empresaria mexicana está teniendo éxito en su negocio porque -además de haber creado un programa excelente- decidió aferrarse al toque mexicano de la calidez humana, de mirar a los ojos, de escuchar, de informar al paciente. Es por esto que le echo porras a Cecilia y me llena de orgullo que sea mexicana. ¡Bien por ella!

Hoy por hoy, a pesar de vivir en Texas, a pesar de mi tendencia a engordar, a pesar de haber tenido un tercer hijo… estoy bajando de peso, y eso me tiene contenta y es la razón por la que decidí escribir este artículo. Para un mexicano, mantenerse delgado en Estados Unidos requiere de un doble esfuerzo. Hay que estar luchando en contra de nuestra genética hispana de mariachi panzón y de señora cuerpo de guitarrón las 24 horas del día. Una auténtica friega, pero es la realidad.

¿Para qué nos hacemos?  No hay gorditos felices, así que la próxima vez que veas un cheesecake lleno de hot fudge, piénsalo dos veces… Vivir en Estados Unidos no es pretexto para inflarte como globo de cantoya. Tú sabes que si te pusieras las pilas, otro gallo cantaría, acuérdate de que no hay mayor satisfacción que ganar la lucha contra ti mismo.

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