Inicio Número 05 Miguel Estrada: Innovación como catalizador del crecimiento

Miguel Estrada: Innovación como catalizador del crecimiento

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Miguel Estrada, Director del programa de Alta Dirección en Innovación y Tecnología (ADIT) del IPADE.

Luego de la reciente publicación del Índice Global de Innovación (que elabora INSEAD Business School y en el cual México se ubicó en la posición 81 de entre 125 países), tanto el gobierno como la iniciativa privada deberían reflexionar sobre el impacto que reviste invertir con recursos económicos y humanos y desarrollar mecanismos que incentiven la innovación.

Los beneficios para la competitividad y el fortalecimiento económico que tiene la creación de clusters enfocados al desarrollo de tecnología se han visto reflejados en lugares como Querétaro o Guadalajara, en donde industrias como la aeroespacial o la electrónica se han abierto paso y han detonado el crecimiento local.

El punto neurálgico a considerar es que, en el mencionado ranking, México ha caído 12 lugares con respecto al año pasado, y 20 puestos en comparación con 2009, por debajo de países como Vietnam, Ghana o Panamá. En cuanto a Latinoamérica, Chile lidera la región con el puesto 38.

Sin embargo, la innovación no debe estar forzosamente relacionada con la tecnología; por ejemplo, hay organizaciones que sin ésta pueden revolucionar el diseño de productos y servicios, los procesos de producción o, incluso, sus mercados.

Asimismo, el estudio evidencia que México carece de una tradición de innovación, a diferencia de las naciones que encabezan el listado como Suiza o Suecia, en el primero y segundo puestos respectivamente. A estos le siguen Singapur, Hong Kong, Finlandia, Dinamarca, Estados Unidos y Canadá, quienes dominan los primeros ocho lugares.

A pesar de ello, nuestro país cuenta con características específicas que podrían potenciar el alcance de los desarrollos de clusters, como la ubicación geográfica o los centros de investigación, así como el capital intelectual. Estas particularidades facilitan la creación de redes de conocimiento y la formación de habilidades para la investigación científico-tecnológica.

Prueba de lo anterior es la gran cantidad de ingenieros que se gradúan de las universidades nacionales. Mientras que México posee más de 750 mil estudiantes de ingeniería, en Estados Unidos hay únicamente alrededor de 450 mil estudiantes matriculados en carreras relacionadas con esta profesión.

La gran cantidad de ingenieros mexicanos con una educación profesional de calidad, aunado a la implementación de políticas públicas que apoyen, no sólo a las universidades y a los centros de investigación, sino también a las empresas mediante la reducción de tasas y apoyo a nuevos proyectos, serán propulsores clave para incrementar la competitividad del país.

En este sentido, la formación de especialistas, tanto en el extranjero como en México, debe ser impulsada mediante becas otorgadas por los institutos de educación profesional y por el propio gobierno, con el objetivo de incentivar las prácticas innovadoras, sin dejar de lado la ejecución local, es decir, evitar la fuga de talentos.

Por su parte, las empresas nacionales y extranjeras asentadas en el país tienen un rol esencial, ya que la inversión de tiempo y dinero generan un impacto a mediano y largo plazo. Ejemplo de ello son las empresas tecnológicas que, en promedio, invierten 15% de sus recursos en innovación. Esto las ha llevado a ocupar los primeros sitios en diversos rankings sobre el valor de las compañías alrededor del mundo.

La innovación trasciende a la competitividad de las empresas y, en consecuencia, de los países en donde se encuentran y a los que representan. Asimismo, este factor es el motor de las compañías más poderosas del mundo actualmente.

No es casualidad que las naciones que ocupan los principales sitios del Índice Global de Innovación, como los nórdicos o, incluso, Singapur y Hong Kong, hayan tenido un crecimiento exponencial de su Producto Interno Bruto (PIB) en los últimos años.

Quizá estos líderes globales han comprendido que su fortaleza radica en que han encontrado ventajas competitivas al desarrollar nuevas y mejores formas de competir en un sector determinado y trasladarlas al mercado.

Para México aún no es demasiado tarde, por lo que los gobiernos tienen oportunidad de disminuir los riesgos en la legislación de manera clara, mediante incentivos y apoyo a la educación, mientras que las organizaciones deben incluir en su “código genético” el fomento a la cultura innovadora que resulta en una alta rentabilidad y, por lo tanto, en calidad de vida.

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Innovation as a Growth Catalyst

According to the ranking, Mexico has fallen 12 places compared to last year and 20 places compared to 2009, behind countries like Vietnam, Ghana or Panama. Chile is the Latin American leading country positioned as #38.

Also, the study shows that Mexico lacks an innovation tradition, unlike the countries in the first and second positions: Switzerland and Sweden; followed by Singapore, Hong Kong, Finland, Denmark, the United States and Canada, dominating the first eight places. Despite this fact, our country has specific traits that could increase the cluster development’s reach, such as its geographical location or the research centers, as well as the intellectual capital. These singularities make the learning network creation and skill training easier for scientific-technological research.

The training of specialists both in Mexico and abroad should be motivated through scholarships granted by higher education institutions and the government itself, to incentivize innovating practices, without overlooking local execution to prevent the flight of talent. On the other hand, domestic and foreign companies established within the country have an important role because investments in time and money generate a medium and long term impact.

Innovation transcends to the company’s competitiveness and, consequently, to that of the country where they are established and represent. Also, this factor is nowadays the engine of the most powerful companies in the world.

It is still not too late for Mexico. Governments have the chance to clearly reduce legislative risks through incentives and educational support, while organizations should include the promotion of an innovating culture in their “genetic code” which would result in high profitability and, therefore, quality of life.

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