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Hazte caso

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Una joven mamá amamantaba discretamente a su bebé recién nacido en la primera fila del auditorio mientras yo daba una conferencia. El cuadro era enternecedor. En un momento de la plática me le acerqué y le comenté: “Disfruta este momento, porque se pasa muy rápido”. “Gaby no puedo, soy abogada, tengo mucho trabajo y cuando estoy con mi bebé me siento culpable”, me comentó como si de una confesión se tratara.

Esta joven podría ser la voz de muchas mujeres en nuestro país. Hoy la mayoría de nosotras estamos exhaustas. Por lo general, se nos pide que hagamos más con menos y somos muy proclives a dar más de lo que tenemos; al mismo tiempo, nos ponemos en el último lugar de nuestras prioridades.

¿Hace cuánto no vas a una revisión general con el médico?, ¿a realizarte un Papanicolaou?, ¿una limpieza de dientes? Te invito a preguntarle esto a cualquier mujer con la que te topes. Te asombrarás de la respuesta.

Asimismo, pregúntate y pregunta a tus amigas si amanecen cansadas, si sienten que su temperamento ha cambiado, a lo mejor están tan fatigadas que por las noches les cuesta trabajo dormir. Te aseguro que también te sorprenderás de las respuestas.

Entre lo que se espera de nosotras y lo que nosotras esperamos de nosotras mismas, nos damos cuenta con ansiedad de que el día no alcanza. Cuerpo y mente están excedidos. Así, entre la casa, la familia y el trabajo se nos va la vida, y al final del día hay pocas cosas con las cuales recargar nuestra batería.

El estrés no es una forma de vivir, es una forma de morir. ¿Alguna vez hemos pensado que quizá nos estamos esforzando demasiado? Tal vez, tratamos de demostrar algo a alguien o al mundo a costa de nuestro gozo, creatividad, salud y relaciones. Quizá nos esforzamos demasiado en alcanzar eso que hemos cosificado y llamamos “felicidad”. Quizá nos empeñamos demasiado en ser reconocidas, valoradas, apreciadas o en tener un “éxito” de acuerdo con lo que los demás piensan que se define como tal. Quizá perseveramos demasiado en una relación difícil. Es probable que le demos demasiada importancia a bajar de peso, estar en forma, al día, ser atractivas para la pareja… ¡qué agotador! ¿Vale la pena?

¿Has notado que cuando más te esfuerzas para que algo suceda, suele ser lo que más aflicciones te causa? Es posible que este “esforzarnos demasiado” obedezca a nuestro sistema de valores integrado. Por ejemplo:

  • Creemos que hay que ganarnos las cosas porque sentimos no merecer aquellas que se dan de manera fácil.
  • ¿Nos falta confianza en nosotras mismas y en nuestros propios talentos?
  • ¿Acaso se trata de querer controlar todo?
  • ¿Tememos soltar y rendirnos a algo mejor?
  • ¿Será un tema de orgullo personal que nos impide solicitar apoyo y ayuda?

Creo que las mujeres hoy confundimos compromiso con lucha, voluntad con lucha y pasión con lucha. Es como si debiéramos pagar una cuota de algo que tememos no merecer libremente. Tomemos por ejemplo a la joven que amamantaba a su bebé, ella quizá lucha por no sentir que tiene una vida hermosa y se siente culpable de tenerla.

Mientras las mujeres sigamos luchando al grado de estar exhaustas, no podremos reconocer ese valor innato, natural, con el que venimos al mundo. Confiemos en nuestra esencia y poder; soltemos esa obsesión por demostrar ser súper mujeres que sólo nos lleva al desgaste de nuestras relaciones y de nosotras mismas. Porque, créeme, no vale la pena.

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