Inicio Estilo de Vida Gaby Vargas: Tu calavera…

Gaby Vargas: Tu calavera…

Compartir

Todos, o la mayoría de nosotros, cargamos con un fantasma, una bruja, o una calavera a cuestas. Qué mejor ocasión que este , para sacudirla de nuestro sistema y mandarla a unirse con otros espíritus malignos del más allá.

A la calavera que me refiero es una de las emociones que más nos dañan y destruyen: la culpa.

Desde chicos nos han condicionado –familia, amigos, sociedad, maestros y religión- a convertirnos, consciente o inconscientemente, en máquinas de culpa. Eso, sin contar con lo que nosotros mismos nos recetamos al vivir esa campaña perpetua que tiene, como finalidad, el sentirnos aceptados por los demás.

La culpa es la herramienta maestra del manipulador. Con sólo hacernos sentir culpables de “algo”, nos motiva a realizar hasta lo imposible por regresar a su gracia. ¿Por qué? Porque la culpa está asociada con el cuidar de los otros, con lo que nos significan; y si no cuidas a alguien, te conviertes, de lleno, en una “mala persona”. Esta idea torcida controla la vida de mucha gente. Lo irónico es que, si no sentimos culpa, nos puede dar culpa por ¡no sentir culpa!

Algunos fantasmas de la culpa:

1.   La de papás a hijos. Maravillosa forma de control. La detectas en los primeros cinco años de vida, vía premio o castigo, tipo: “Qué feo niño, nadie te va a querer”, o “Qué linda niña, que presta sus juguetes”. Después aparecen frases como “Nos decepcionas”, “Mira cómo pagas lo que hicimos por ti…” Así, es posible que el hijo, para evitar este tipo de comentarios y situaciones, desarrolle un patrón de conducta complaciente.

2.   La de niño a papás. Rápido se aprende todo, en especial a manipular. Cuando se dicen cosas como “Si me quisieras, harías esto…..”, “Todos los papás van a ir menos tú…”, en realidad se pretende decir: “Siéntete culpable” o “No te importo”. Recordemos que la culpa es una respuesta emocional aprendida.

3.   La de pareja. “Si me quisieras…” es una de las frases que más suele usarse en una relación de pareja y, a la vez, una de las que más culpa acarrea.  Si las palabras no cumplen su misión, podemos recurrir a la ley del hielo, a la cancelación de todo contacto físico, a las lágrimas y demás.

4.   La de la sociedad. Inicia en la escuela si no le das gusto al maestro: “Pudiste haberlo hecho mejor”, “Nunca esperé esto de ti”.  Sin molestarse por llegar al fondo del problema, el maestro o la maestra siembra la culpa en el estudiante, trabaja menos y lo controla mejor.

Asimismo, la sociedad nos exige alinearnos, a comportarnos de tal o cual manera ya que, de no hacerlo, nos hacen sentir culpa. Esto condiciona a mucha gente a ser hiperconsciente de lo que otros piensen o digan, al grado de que pueden llegar a anular la libertad de ser ellos mismos, de hacer lo que realmente los llenaría, en aras del “qué dirán”.

5. La sexualidad. La culpa de tipo sexual está incorporada por generaciones en nuestro ADN. Si una persona manifestaba cualquier forma de expresión sexual, considerada moralmente inaceptable, además de ser calificada como “indecente”, sufría el acoso de la Santa Inquisición. El resultado es que, hasta la fecha, seguimos arrastrando miles de tabúes generados por una gran culpa reprimida y que impiden a muchas personas disfrutar de su sexualidad… sin sentir culpa. 

6. La autoimpuesta. Ésta es la más destructiva, y nos la imponemos cuando sentimos que hemos roto nuestro propio código de ética, ya sea criticar a otros, hacer trampa, mentir, cualquier cosa que nos haga sentir mal. Lo malo es que de nada sirve flagelarnos: sólo nos aprisiona, sin poder cambiar el pasado. Lo que podemos hacer es aprender de la experiencia, reconocer nuestros errores y resolverlos de la mejor manera posible.

¡Deshazte de estas calaveras y evita crearlas en los demás!

Bookmark and Share

Comentarios

comentarios