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Francisco Arredondo: Estados Unidos te perdona todo menos dos cosas: ser flojo o mentiroso

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Originario de Matamoros, Tamaulipas, Francisco Arredondo es un hombre “dicharachero”. Siempre le ha gustado explorar nuevas ideas y experimentar con muchas cosas. No tiene ningún problema para hacer amigos, le gusta ayudar al paisano que llega y que quiere ser emprendedor.

¿Por qué decidió salirse de Matamoros?

Porque siempre me ha gustado explorar y no me conformé con lo que ahí había. Así que me fui al Tecnológico de Monterrey donde hice mi carrera y después permanecí un año en la ciudad de México haciendo trabajo de investigación. Posteriormente me trasladé a Nueva York, a San Antonio, luego a Filadelfia, Boston, Kentucky, Cleveland, hasta que finalmente me establecí en San Antonio.

En México, una vez terminada la carrera de Medicina hice mi servicio social en el Hospital de Nutrición Salvador Zubirán, donde trabajé un año en el departamento de Biología de la Reproducción. Curiosamente también colaboré con un grupo en Monterrey que realizó la primera fertilización in vitro en 1989, yo era estudiante de Medicina y desde ahí me interesó esto.

¿Cómo fue la experiencia de llegar a otro país a ejercer Medicina?

Tuve la oportunidad de ir a hacer un internado de un año al Hospital Mount Sinai en Nueva York, no estaba garantizada mi residencia como médico en este país. Yo recuerdo que en julio de 1990 llegué a Nueva York con dos maletas a una casa y sólo conocía a un amigo.

Uno de los aprendizajes más grandes, después de vivir 22 años en Estados Unidos, es que el sistema estadounidense te perdona todo menos dos cosas: ser flojo o mentiroso.

¿Cómo fue la etapa de especialización en Ginecología, Obstetricia y Fertilidad?

Después de estudiar Ginecología, Obstetricia y Fertilidad en San Antonio, hice la especialidad en Endocrinología Reproductiva e Infertilidad en el Hospital de la Universidad de Pensilvania en Filadelfia; posteriormente, realicé una Maestría en Administración de la Salud en la Universidad de Harvard, en Boston, y ya me iba a regresar a México pero salió una oportunidad y me fui a Kentucky.

En ese entonces estábamos embarazados de nuestra nena, y estuvimos cuatro años en una zona rural, lo que ha sido una de las mejores experiencias en mi vida. Después me fui profesor asistente en Case Western Reserve University, en Cleveland, donde estuve otros cuatro años. Ninguno de estos logros se hubiera llevado a cabo sin la participación de mi esposa y de mi hija, han sido mi pilar principal.

¿Qué otros planes surgieron posteriormente?

Siempre había tenido la ilusión de empezar algo, fue cuando decidí venir a San Antonio a abrir la clínica. Empezamos hace cinco años con dos empleados y ahora tenemos 34, además de tres consultorios, dos aquí en San Antonio y otro en Austin.

¿Qué es lo que más le impacta día a día en su profesión?

Te puedo decir que cuando las mamás ya tienen a sus hijos en brazos les pedimos que los traigan para pintarles los piecitos y plasmar su huella en una pared que tenemos especialmente para eso.

Cada vez que llega uno de esos niños y plasmamos su “patita” se siente increíble. He tenido gente que después de 11 años de batallar, ha logrado embarazarse gracias a los beneficios y las bondades de la fertilización in vitro.

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“In the U.S. everything is forgiven except for two things: being lazy or a liar”

Native of Matamoros, Tamaulipas, Francisco Arredondo is a witty person. He has always enjoyed exploring new ideas and experimenting with many things. He likes to help his newly arrived fellow country men who wish to become entrepreneurs.

Why did you decide to leave Matamoros?

Because I have always liked to explore and I was not satisfied with what was there. I enrolled in the Tecnológico de Monterrey to study medicine and then stayed in Mexico City for one year doing research.

What was the experience of arriving in another country to practice medicine like?

I had the opportunity of doing a one-year internship in Mount Sinai Hospital in New York; my residence as a doctor in this country was not guaranteed. I remember when I arrived to a house in New York in 1990 with two suitcases and knowing only one person. One of the most important things I’ve learned after living 22 years in the United States is that the American system forgives everything except for two things: being lazy or a liar.

How did the gynecology, obstetrics and fertilization specialization stage come about?

After studying gynecology, obstetrics and fertilization in San Antonio, I specialized in reproductive endocrinology and infertility at the Hospital of the University of Pennsylvania, in Philadelphia. Later, I coursed a master’s degree in health management at Harvard University in Boston after which I was going to return to Mexico but an opportunity came up so I went to Kentucky. Then I worked as assistant professor at Case Western Reserve University in Cleveland.

What other plans rose later?

I had always wanted to start something, so I came to San Antonio to open the clinic. We began five years ago with a staff of two and now there are thirty-four, besides three offices: two here in San Antonio and one in Austin.

In your profession, what impacts you the most everyday?

It’s when mothers finally hold their babies in their arms and we ask them to bring them in so we can apply paint on their little feet and make an impression of their footprint on the wall we have especially dedicated for this. I’ve had patients who after 11 years trying to get pregnant have been able to do so thanks to the benefits of in vitro fertilization.

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